Si hoy mismo tuviera que rendir cuentas por el mundo, si atrás de la puerta me estuviera esperando Dios o quien sea para preguntarme cómo me ha ido con el arriendo del planeta, me daría vergüenza responderle. Sólo podría decirle que he tenido unos arrendatarios que en vez de pagar las cuentas del agua dejaron lágrimas, que pusieron clavos en las paredes hasta que las grietas se tragaron todo el cobijo del mundo y que exterminaron a cada uno de sus vecinos.
Y si el dueño de todo esto me amenazara con mandarme a la cárcel me iría por mis
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